Para su despliegue por la órbita terrestre, los vehículos aeroespaciales, ya sea cohetes o satélites, requieren de un armazón de elementos indispensables: antenas, paneles solares, módulos de propulsión, tanques de combustible, la carga útil. Pero también operaciones matemáticas: los algoritmos que sistematizan la navegación, el control y el guiado de las máquinas que atraviesan la atmósfera. Sobre este último aspecto, sostiene su línea de trabajo el Grupo de Procesamiento de Señales, Identificación y Control de la FIUBA (GPSIC), nacido en 2013, a partir de la asistencia técnica a empresas y por un convenio con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).

Como explica el Dr. Ing. Juan Ignacio Giribet, integrante del GPSIC y docente del Departamento de Electrónica, el desarrollo de algoritmos podría entenderse como el diseño de los pasos a seguir para lograr cierto objetivo. “La navegación es utilizar la información de varios sensores para poder ubicar el vehículo (como mirar en el GPS del teléfono celular en dónde estoy parado). Después, está la parte del guiado, que es elegir el camino más conveniente (la ruta más corta, más rápida o que consuma menos combustible, dependiendo de lo que se priorice). Por último, están los algoritmos de control, que son los que le dan los comandos al vehículo para que siga esa ruta óptima”, detalla.

Sumada a su participación en el ámbito de aplicaciones aeroespaciales —se firmó un convenio con la CONAE para colaborar en el Proyecto Tronador II—, este grupo de investigadores se encuentra incursionando en el campo de la robótica móvil, con especial interés en el desarrollo de vehículos autónomos. Además, continúan trabajando en avances vinculados a los algoritmos de navegación y control coordinado entre vehículos, cuyo impacto podría aplicarse en áreas diversas como la agroindustria, la inspección de tendidos eléctricos, el petróleo o el monitoreo del medioambiente. “Hemos validado nuestros algoritmos en vuelos en formación de vehículos aéreos. También hemos validado la técnica con vehículos aéreos y terrestres. Desarrollamos junto a la Universidad Tecnológica Nacional - Regional San Nicolás un vehículo acuático autónomo y lo utilizamos junto a uno de nuestros vehículos aéreos para realizar ensayos de relevamiento topográfico. Sobre el vehículo autónomo acuático instalamos un láser, que adquiere de manera continua la topografía de la costa, al mismo tiempo que el vehículo aéreo toma imágenes que luego son procesadas para obtener un ortomosaico o incluso un mapa 3D de la topografía del terreno”, dice Giribet.

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