La Dra. Analía Vázquez, investigadora y docente de la FIUBA, fue nuevamente reconocida por sus aportes a la ciencia y la innovación tecnológica, a partir de la obtención del Premio Jorge Sabato 2020 del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en el área de "Ingenierías, Arquitectura e Informática". 

Vázquez ha tenido una extensa trayectoria formando estudiantes de grado y posgrado y creando uno de los institutos de la FIUBA que dependen de UBA y CONICET: el Instituto de Tecnología de Polímeros y Nanotecnología (ITPN), espacio desde el que fomenta una intensa relación con empresas nacionales. Además, es especialista en tecnología de polímeros. Registra unas 170 publicaciones con más de 4000 citas y ha dirigido 26 tesis doctorales y más de 30 de grado.

Si bien es cierto que en los últimos años esta investigadora de la FIUBA ha recibido distintos galardones, como el Premio a la Excelencia Académica (2018) otorgado por la UBA, el Premio “Consagración” en las Ciencias de la Ingeniería de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (2017) y la Mención de Honor para el ITPN en el marco de la XV edición de los Premios Balseiro otorgado por Foro de Ciencia y Tecnología para la Producción (FOROCyTP), para Vázquez, el Premio Sábato tiene una connotación particular, ya que reconoce la excelencia en la transferencia de tecnología. 

“Jorge Sábato fue pionero a nivel mundial en el desarrollo del concepto de innovación y autonomía tecnológica. Su pensamiento ha inspirado mi carrera, con la idea del famoso triángulo entre universidad, empresa y gobierno, todos colaborando para lograr la soberanía tecnológica. Para un ingeniero o ingeniera que se dedique a la investigación, luego de alcanzar cierto nivel de conocimientos científicos, es una sensación muy plena lograr transferirlos a las empresas a través de convenios. Pero no sólo la transferencia a empresas es importante. La docencia también es una forma de transferir los conocimientos a otros ingenieros o ingenieras, conocimientos que inmediatamente serán aplicados en las empresas de las que formen parte”, señala Vázquez, quien actualmente se encuentra jubilada pero mantiene activas colaboraciones con estudiantes de grado y posgrado de la facultad, como así también con proyectos relacionados a nanocementos y biopolímeros como aditivos y su aplicación en el área de Petróleos. 

En cuanto a las líneas de investigación que le valieron el reconocimiento por parte del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, dice Vázquez que su expertise se centra en temas vinculados a los polímeros/biopolímeros, los materiales compuestos y la nanotecnología, con trabajos de transferencia a pequeñas, medianas y grandes empresas. 

Entre los proyectos más recientes, se destaca la participación entre 2013 y 2019 en la creación de una empresa de base tecnológica (EBT) para fabricar nanocelulosa bacteriana, un nanoinsumo que según advierte Vázquez, no se fabrica en Argentina y que resulta un primer escalón para el desarrollo innovador en otras empresas en las cuales se use este nanomaterial. “Este trabajo lo hicimos con una PyME del Parque La Cantábrica, dirigida por una mujer. En diciembre de 2019, la empresaria con la cual compartimos el proyecto creó la empresa: Nanocellu-ar, de la cual no formamos parte, ya que el grupo de investigadores quiere seguir desarrollando nuevos productos para nuevos emprendimientos. Sin embargo, consideramos que tiene un potencial de éxito muy grande ya que esta nanocelulosa es un hidrogel cuando está húmeda y es un aditivo espesante, pero cuando se seca es como una tela muy resistente. Por lo tanto, puede ser usada como grasa lubricante para máquinas que requieran un lubricante que no contamine el producto, como modificador de reología o espesante en alimentos, como aditivo para panes en lugar del gluten o como fluido de fractura o de recuperación terciaria de petróleo. Por su parte, cuando está seca, puede ser usada para parches de quemados con mejores resultados que usar vendas, para papeles especiales de alta resistencia, para arterias artificiales, etc”, explica la Dra. Vázquez.

Y agrega en relación a sus experiencias de transferencia tecnológica: “Entre 2016 y 2018 trabajamos en el desarrollo de una bolsa biodegradable en tierra y comestible para la PyME “Plásticos Romano” de Quilmes, también dirigida por una mujer. El objetivo del trabajo fue desarrollar una bolsa para insumos del agro que pueda ser enterrada en tierra y que se biodegrade rápidamente en días. El problema a resolver era el de la acumulación de envases de plástico en el campo, y la diferencia entre el sistema polimérico desarrollado con otros polímeros comerciales es que la mayoría de ellos se degradan en compost. De este trabajo existe una patente en trámite en el INPI. Además, entre 2012 y 2016, trabajamos para la empresa YPF - YTEC en la fabricación de un prototipo de arenas resinadas como agente apuntalante para la extracción de petróleo, y también colaboramos en el desarrollo del laboratorio y los equipos para la Planta Piloto, un aporte que apuntaba a una formulación que permitiera sustituir importaciones y que aumentara la resistencia de las arenas a la compresión mediante el agregado de una resina”, detalla. 

Por último, al momento de los agradecimientos por este último premio, Vázquez recuerda a su grupo de investigación del ITPN, en particular a aquellos profesionales de la ingeniería que trabajaron con ella en distintos proyectos, como Celina Bernal, Patricia Cerrutti, Maria Laura Foresti, Mariana Melaj, Teresa María Piqué, Humberto Adabbo, Leonel Chiacchiarelli, Maria José Rodríguez Batiller, Victoria Fernández Corujo, Rocío Jiménez, Luciano Leonardi, Hugo Nazareno Príncipe López, Carolina Laura de los Santos Pedreira y Erika Beatriz Buonofiglio. 

“Todas y todos se han esforzado muchísimo para lograr los objetivos propuestos. Fue el Ing. Humberto Adabbo quien me convenció de armar un grupo en la FIUBA cuando me trasladé desde el INTEMA de Mar del Plata. También quiero agradecer al Dr. Hugo Sirkin por aceptarme en el INTECIN cuando vine, y por impulsarme a formar otro instituto, el ITPN. También al Dr. Ing. Carlos Rosito por haberme aceptado en la FIUBA, al decano Alejandro Martínez por la postulación a este premio y al Dr. Alberto Barbieri por haber aceptado mi postulación desde la UBA y por haber avalado los proyectos que hemos presentado, algunos sin resolución todavía como el de infraestructura, pero que el decano Martínez ha retomado como política de su gestión”, resalta Vázquez.  

Y concluye: “Mi mayor logro fue formar científicos y científicas de primer nivel que actualmente desarrollan ciencia aplicada con generación de nuevas empresas y trabajos de transferencia. Todos contribuyen desde su lugar al desarrollo del país. También quiero hacer mención a la carrera de Ingeniería Civil, a la que primeramente ingresé a trabajar. De esa misma carrera se recibió el primer ingeniero argentino, Luis A. Huergo, en 1870 y en 1917, Elisa Beatriz Bachofen, la primera ingeniera de Latinoamérica, presidenta de la Comisión Técnica del Círculo de Inventores y activista femenina. De ella veía su foto en un póster cada vez que entraba a la sede de Av. Las Heras. Por eso, quiero pensar que este pequeñísimo aporte que he realizado como una gota en un mar, inspire a otras mujeres a seguir la carrera de Ingeniería y a luchar por romper el techo de cristal en cada lugar que les toque trabajar”.